Salvo que ya se haya encontrado a la persona que sea la prueba viviente, comprobable (y documentada) que recuerde una vida anterior a cabalidad y todo lo que aprendió entonces, nadie nace sabiéndolo todo, y por ende, en cualquier actividad de su acontecer, para esa tarea en particular será neófita, y conforme la hablidad y experiencia de su ejecución, eventualmente habrá de convertirse en un@ expert@.
Esta crónica es acerca de mi novatada, del primer evento en que entregué un producto final a revisión por parte del cliente, y en el que fue evidente que yo era primerizo en el tema.
Esto ocurrió en aquél horriblemente caluroso año de 2005. Me invitaron a participar en un proyecto de desarrollo de software, en una herramienta que casi nadie conocía y que será referida en otra crónica.
Ese proyecto fue mi incursión a la vida profesional en el desarrollo de software. Las tres personas que lo ejecutamos fungimos de todo: analista, documentador, administrador de servidor, administrador de base de datos, documentador, diseñador gráfico y tester.
En ese proyecto aprendí lo que era un SRS (documento de especificación de requerimientos de software), así como descubrir que documentar no era una tarea molesta para mí, vaya, por eso existe este sitio.
Durante las primeras tres semanas que estuvimos en el proyecto, hicimos el análisis de requerimientos, fuimos documentando los casos de uso y las distintas particularidades. Una semana después, ya teníamos el SRS completo, las secciones bien identificadas, diagramas de contexto perfectamente entendibles; palabras más, palabras menos, para mí, era un producto perfecto, sólo bastaba entregarlo al cliente y esperar su retroalimentación.
El documento lo entregamos un miércoles por la mañana. Mario, quien daría la revisión final y el visto bueno del análisis, normalmente nos citaba por la tarde a revisión, con esa práctica frase que he adoptado para la posteridad: “¿te parece si lo revisamos después de la comida?“.
4:30 de la tarde estábamos sentados en el cubículo de Mario. En general, casi no había observaciones de su parte, y en su apreciación, habíamos comprendido muy bien el flujo y el caso de negocio, sólo requería que puntualizáramos detalles en unas secciones del documento.
-En la tercera hoja, en el segundo párrafo, indiquen que el portal debe estar disponible 24 horas al día.
-En la quinta hoja, debajo del diagrama, la tarea la realizan en control escolar, mencionen eso.
Poco delante de la vigésima hoja (de un total de 64), la revisión continuaba pero a un ritmo más lento. Mario iba mencionando partes de párrafos y no lográbamos identificar con claridad en qué parte del documento se encontraba. Iba y venía entre su juego impreso sin avisarnos cuando cambiaba de hoja. Entonces vino la frase lapidaria que hace de título en esta crónica:
-En la hoja que dice “la ejecución del stored procedure”…
-¿En qué hoja? – pregunté yo, que hacía las notas para ajustar el documento.
-Me encantaría decirte qué página es, pero me entregaron un documento sin paginar y sin índice.

Esa fue la primera y última vez que entregué un documento así.
Esa misma tarde, Mario tenía el documento con las observaciones atendidas, números de página en la esquina inferior derecha y un precioso índice.
¿Les parece si revisamos la siguiente crónica después de la comida?…






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